jueves, 28 de agosto de 2014

¿Cuánto tiempo es un segundo?

El tiempo el implacable, el que pasó
Pablo Milanés

A HHC, el sabe por qué

Alguna vez pensé que el tiempo como conceptualiza las ciencias exactas es una dimensión y sin duda es una dimensión, una dimensión de características diferentes a las dimensiones tangibles; aunque el tiempo es algo perceptible los humanos no podemos percibirlo con ninguno de nuestros sentidos, no se puede ver aunque observemos como transcurren las horas a través de un reloj, no podemos oírlo y estamos seguros de que cada día lo escuchamos en el tictac de los analógicos o en las alarmas de celulares o en las campanadas de las iglesias, no podemos olerlo aunque cada estación del año nos regala aromas diferentes, no es posible degustarlo a menos que a los chocolateros les dé por ofrecer tabletas con la forma de los relojes derretidos de Dalí, aún así estaremos comiendo chocolates,  tocarlo sería imposible si no es que pasamos nuestros dedos por las manecillas de un reloj que las tenga al relieve y en ese acto se nos revele que acabamos de pasar del pasado al presente y ese instante ya vuelve a ser pasado, que el futuro es intocable pero existe.

Percibir el tiempo es una experiencia abstracta que por común apenas apreciamos,  solo va en una dirección que el hombre se inventó caprichosamente hacia adelante o a la derecha, cuando pudiera haber sido lo contrario. Generalmente decimos que el tiempo pasa, en realidad transcurren nuestras vidas en el tiempo.

Los sociólogos, abogados  o los humanistas pudieran elucubrar sobre si el tiempo es un derecho, si aceptamos que es algo que tenemos todos por igual sin importar que seas rico o pobre, judío o musulmán, ario o negro pues lo es, el tiempo podría ser una moneda de cambio, trabajarías horas a cambio de tiempo libre, o a cambio de comida, libros, ropas, por decreto internacional no podría intercambiarse el tiempo por instrucción, salubridad o acceso a los recursos naturales.

Medir el tiempo en apariencia resulta un acto de absoluta exactitud, mientras más exacto mas relativa es su existencia, así a un niño le parece una hora un suceso interminable, a un joven demorado a un adulto demasiado pronto y a un anciano algo que lo pone más cerca del fin, percibir el tiempo es como muchas otras cosas un acto de voluntad y amor.

El tiempo de los vivos es exactamente igual al de los muertos, con la única diferencia de que quienes permanecen con vida cuentan cada instante que no pueden compartir con quienes se le adelantaron y sobreviven a la ausencia con una carga doble. El tiempo de los que se enamoran es el más efímero, pero el más intenso, pues es el amor otra dimensión intangible, amar a la pareja, a los hijos a la familia es un acto supremo al que dedicamos la mayor parte de nuestras vidas, pues el resto de los momentos somos amados.

Cuando descubrí que 30 años pueden parecer 500 o una hora, y que se pueden contar los momentos vividos en ese lapso en menos de 5 minutos, entendí que la ciencia no puede aunque quiera explicarnos con certeza como es que el tiempo se nos presenta como una dimensión.

martes, 28 de enero de 2014

El cubano más ilustre y valeroso de todos los tiempos: José Julián Martí Perez

Quiero creer que algún estudioso de la obra de José Martí ha podido abarcar su obra completa, lo que sería algo sensacional, es de las cosas que como cubana quisiera poder hacer antes de abandonar este mundo; pero si de algo estoy segura es que el pensamiento de este cubano excelso es tan abarcador y tan espiritual, que merece más que su estudio,  que su obra y su pensamiento llegue a la mayor cantidad de personas para que no desaparezca su legado, es el mejor merecido a quien dedicó su vida a pensar su patria, a vivir y morir para ella.

Me duele muchas veces cuando sacan de contexto sus ideas para convertirlas en banderas de causas que nada tienen que ver con la postura literaria y política de un Martí consecuente en cada acto de su vida. Si algo soy es Martiana, si Martí fuera un ser místico de seguro alcanzaría a entregarle mi fé y si perteneciera a algún partido en mi vida sería al de Martí.

Me impresiona la delicadeza con que escribió a María Mantilla y aqui uno de los textos más hermoso de ese epistolario que nos deja conocer un ser sensible, amoroso y completo.

Cartas de José Martí a María Mantilla
A mi María:

Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo, en saber, en querer, en saber, para poder querer, querer con la voluntad, y querer con el cariño? ¿Se sienta, amorosa, junto a su madre triste? ¿Se prepara a la vida, al trabajo virtuoso e independiente de la vida, para ser igual o superior a los que vengan luego, cuando sea mujer, a hablarle de amores, a llevársela a lo desconocido, o a la desgracia, con el engaño de unas cuantas palabras simpáticas, o de una figura simpática? ¿Piensa en el trabajo, libre y virtuoso, para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten los malos, y para no tener que vender la libertad de su corazón y su hermosura por la mesa y por el vestido? Eso es lo que las mujeres esclavas, esclavas por su ignorancia y su incapacidad de valerse, llaman en el mundo “amor”. Es grande, amor: pero no es eso. Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así, no la ama. Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento y respeto. ¿En qué piensa mi hijita? ¿Piensa en mí?

Aquí estoy, en Cabo Haitiano; cuando no debía estar aquí. Creí no tener modo de escribirte en mucho tiempo, y te estoy escribiendo. Hoy vuelvo a viajar, y te estoy otra vez diciendo adiós. Cuando alguien me es bueno, y bueno a Cuba, le enseño tu retrato. Mi anhelo es que vivan muy juntas, tu madre y ustedes, y que pases por la vida pura y buena. Espérame, mientras sepas que yo viva. Conocerás el mundo, antes de darte a él. Elévate, pensando y trabajando. ¿Quieres ver como en ti, en ti y en Carmita? Todo me es razón de hablar de ti, el piano que oigo, el libro que veo, el periódico que llega. Aquí te mando, en una hoja verde, el anuncio del periódico francés a que te suscribió Dellundé. El Harper’s Young People no lo leíste, pero no era culpa tuya, sino del periódico, que traía cosas muy inventadas, que no se sienten, ni se ven, y más palabras de las precisas. Este Petit francais es claro y útil. Léelo, y luego enseñarás. Enseñar, es crecer. Y por el correo te mando dos libros, y con ellos una tarea, que harás, si me quieres; y no harás, si no me quieres. Así, cuando esté en pena, sentiré como una mano en el hombro, o como mi cariño en la frente, o como las sonrisas con que me entendías y consolabas; y será que estabas trabajando en la tarea, pensando en mí.

Un libro es L’Historie Générale, un libro muy corto, donde está muy bien contada, y en lenguaje fácil y limpio, toda la historia del mundo, desde los tiempos más viejos, hasta lo que piensan e inventan hoy los hombres. Son 180 sus páginas: yo quiero que tú traduzcas, en invierno o en verano, una página por día; pero traducida de modo que la entiendas, y de que la puedan entender los demás, porque mi deseo es que este libro de historia quede puesto por ti en buen español, de manera que se pueda imprimir, como libro de vender, a la vez que te sirva, a Carmita y a ti, para entender, entero y corto, el movimiento del mundo, y poderlo enseñar. Tendrás, pues, que traducir el texto todo, con el resumen que va al fin de cada capítulo, y las preguntas que están al pie de cada página; pero como éstas son para ayudar al qué lee a recordar lo que ha leído; y ayudar al maestro a preguntar, tú las traducirás de modo que al pie de cada página escrita sólo vayan las preguntas que corresponden a esa página. El resumen lo traduces al acabar cada capítulo. La traducción ha de ser natural, para que parezca como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a que lo traduces, que en eso se conocen las buenas traducciones. En francés hay muchas palabras que no son necesarias en español. Se dice, tú sabes il est, cuando no hay él ninguno, sino para acompañar a est, porque en francés el verbo no va solo: y en español, la repetición de esas palabras de persona,del yo y él y nosotros y ellos, delante del verbo, ni es necesaria ni es graciosa. Es bueno que al mismo tiempo que traduzcas, aunque no por supuesto a la misma hora, leas un libro escrito en castellano útil y sencillo, para que tengas en el oído y en el pensamiento la lengua en que escribes. Yo no recuerdo, entre los que tú puedes tener a mano, ningún libro escrito en este español simple y puro. Yo quise escribir así en La Edad de Oro; para que los niños me entendiesen, y el lenguaje tuviera sentido y música. Tal vez debas leer, mientras estés traduciendo, La Edad de Oro.

El francés de L’Historie Générale es conciso y directo, como yo quiero que sea el castellano de tu traducción; de modo que debes imitarlo al traducir, y procurar usar sus mismas palabras, excepto cuando el modo de decir francés, cuando la frase francesa, sea diferente en castellano. Tengo, por ejemplo, en la página 19, en el párrafo No. 6, esta frase delante de mí: “Les Grecs ont les premiers cherché á se rendre compte des choses du monde”. Por supuesto que no puedo traducir la frase así, palabra por palabra: “Los Griegos han los primeros buscado a darse cuenta de las cosas del mundo,” porque eso no tiene sentido en español. Yo traduciría: “Los griegos fueron los primeros que trataron de entender las cosas del mundo.” Si digo: “Los griegos han tratado los primeros”, diré mal, porque no es español eso. Si sigo diciendo: “de darse cuenta”, digo mal también, porque eso tampoco es español. Ve, pues, el cuidado con que hay que traducir, para que la traducción pueda entenderse y resulte elegante, y para que el libro no quede, como tantos libros traducidos, en la misma lengua extraña en que estaba. Y el libro te entretendrá, sobre todo cuando llegues a los tiempos en que vivieron los personajes de que hablan los versos y las óperas. Es imposible entender una ópera bien, o la romanza de Hildegonda, por ejemplo, si no se conocen los sucesos de la historia que la ópera cuenta, y si no se sabe quién es Hildegonda, y dónde y cuándo vivió, y qué hizo.  Tu música no es así, mi María: sino la música que entiende y siente. Estudia, mi María; trabaja, y espérame. Y cuando tengas bien traducida L’Historie Générale,en letra clara, a renglones iguales y páginas de buen margen, nobles y limpias, ¿cómo no habrá quien imprima; y venda para ti, venda para tu casa, este texto claro y completo de la historia del hombre, mejor, y más atractivo y ameno, que todos los libros de enseñar historia que hay en castellano? La página al día, pues: mi hijita querida. Aprende de mí. Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas: y ve cuántas páginas te escribo.

El otro libro es para leer y enseñar: es un libro de 300 páginas, ayudado de dibujos, en que está, María mía, lo mejor y todo lo cierto de lo que se sabe de la naturaleza ahora. Ya tú leíste, o Carmita leyó antes que tú, las Cartillas de Appleton. Pues este libro es mucho mejor, más corto, más alegre, más lleno, de lenguaje más claro, escrito todo como que se lo ve. Lee el último capítulo, La Physiologie Végétale, la vida de las plantas, y verás qué historia tan poética y tan interesante. Yo la leo, y la vuelvo a leer, y siempre me parece nueva. Leo pocos versos, porque casi todos son artificiales o exagerados, y dicen en lengua forzada falsos sentimientos, o sentimientos sin fuerza ni honradez, mal copiados de los que los sintieron de verdad. Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas, y en la unidad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día. Es hermoso, asomarse a un colgadizo, y ver vivir al mundo: verlo nacer, crecer, cambiar, mejorar, y aprender en esa majestad continua el gusto de la verdad, y el desdén de la riqueza y la soberbia a que se sacrifica, y lo sacrifica todo, la gente inferior e inútil. Es como la elegancia, mi María, que está en el buen gusto, y no en el costo. La elegancia del vestido, la grande y verdadera, está en la altivez y fortaleza del alma. Un alma honrada, inteligente y libre, da al cuerpo más elegancia, y más poderío a la mujer, que las modas más ricas de las tiendas. Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco. Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza hecha echa luz. Procurará mostrarse alegre, y agradable a los ojos, porque es deber humano causar placer en vez de pena, y quien conoce la belleza la respeta y cuida en los demás y en sí. Pero no pondrá en un jarrón de China un jazmín: pondrá el jazmín, solo y ligero, en un cristal de agua clara. Esa es la elegancia verdadera: que el vaso no sea más que la flor. Y esa naturalidad, y verdadero modo de vivir, con piedad para los vanos y pomposos, se aprende con encanto en la historia de las criaturas de la tierra.

Lean tú y Carmita el libro de Paul Bert: a los dos o tres meses, vuelvan a leerlo; léanlo otra vez, y ténganlo cerca siempre, una página u otra, en las horas perdidas. Así sí serán maestras, contando esos cuentos verdaderos a sus discípulas, en vez de tanto quebrado y tanto decimal, y tanto nombre inútil de cabo y de río, que se ha de enseñar sobre el mapa como de casualidad, para ir a buscar el país de que se cuenta el cuento, o donde vivió el hombre de que habla la historia. Y cuentas, pocas, sobre la pizarra, y no todos los días. Que las discípulas amen la escuela, y aprendan en ella cosas agradables y útiles. Porque ya yo las veo este invierno, a ti y a Carmita, sentadas en su escuela, de 9 a 1 del día, trabajando las dos a la vez, si las niñas son de edades desiguales, y hay que hacer dos grupos, o trabajando una después de otra, con una clase igual para todas. Tú podrías enseñar piano y lectura, y español tal vez, después de leerlo un poco más; y Carmita una clase nueva de deletreo y composición a la vez, que sería la clase de gramática, enseñada toda en las pizarras, al dictado, y luego escribiendo lo dictado en el pizarrón, vigilando porque las niñas corrijan sus errores, y una clase de geografía, que fuese más geografía física que de nombres, enseñando como está hecha la tierra, y lo que alrededor la ayuda a ser, y de la otra geografía, las grandes divisiones, y ésas bien, sin mucha menudencia, ni demasiados detalles yankis, y una clase de ciencias, que sería una conversación de Carmita, como un cuento de veras, en el orden en que está el libro de Paul Bert, si puede entenderlo bien ya, y si no, en el que mejor pueda idear, con lo que sabe de las cartillas, y la ayuda de lo que en Paul Bert entienda, y astronomía. Para esa clase le ayudarían mucho un libro de Arabella Buckley, que se llama The Fairy-Land of Science, y los libros de John Lubbock, y sobre todo dos, Fruits, Flowers and Leaves y Ants, Bees and Wasps. Imagínate a Carmita contando a las niñas las amistades de las abejas y las flores, y las coqueterías de la flor con la abeja, y la inteligencia de las hojas, que duermen y quieren y se defienden, y las visitas y los viajes de las estrellas, y las casas de las hormigas. Libros pocos, y continuo hablar.

Para historia, tal vez sean aún muy nuevas las niñas. Y el viernes, una clase de muñecas, de cortar y coser trajes para muñecas, y repaso de música, y clase larga de escritura, y una clase de dibujo. Principien con dos, con tres, con cuatro niñas. Las demás vendrán. En cuanto sepan de esa escuela alegre y útil, y en inglés, los que tengan en otra escuela hijos, se los mandan allí: y si son de nuestra gente, les enseñan para más halago, en una clase de lectura explicada-explicando el sentido de las palabras/el español: no más gramática que esa: la gramática la va descubriendo el niño en lo que lee y oye, y esa es la única que le sirve. ¿Y si tú te esforzaras, y pudieras enseñar francés como te lo enseñé yo a ti, traduciendo de libros naturales y agradables? Si yo estuviera donde tú no me pudieras ver, o donde ya fuera imposible la vuelta, sería orgullo grande el mío, y alegría grande, si te viera desde allí, sentada, con tu cabecita de luz, entre las niñas que irían así saliendo de tu alma, sentada, libre del mundo, en el trabajo independiente. Ensáyense en verano: empiecen en invierno. Pasa, callada, por entre la gente vanidosa. Tu alma es tu seda. Envuelve a tu madre, y mímala, porque es grande honor haber venido de esa mujer al mundo. Que cuando mires dentro de ti, y de lo que haces, te encuentres como la tierra por la mañana, bañada de luz. Siéntete limpia y ligera, como la luz. Deja a otras el mundo frívolo: tú vales más. Sonríe, y pasa. Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: pon un libro, el libro que te pido, sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres.

Trabaja. Un beso. Y espérame.

Tu

J. Martí

Cabo Haitiano, 9 de abril, 1895


Obras Completas, Vol. 20, p. 216-220. 

martes, 31 de diciembre de 2013

Heredia: Un poeta cubano, masón y exiliado.

Este año tuve un acercamiento singular a José María Heredia de la mano o mejor dicho de la pluma maravillosa de mi escritor cubano favorito Leonardo Padura, cuando me adentré en su libro "La novela de mi vida", su lectura fue la chispa para descubrir un cubano cuya obra es un legado que impresiona después de 200 años, conocer sus pasos por la masonería, su espíritu de independencia, sus amores, sus éxitos y sus abandonos fue un regalo y por ello quiero compartir este escrito que desde su tierra natal lo recuerda como uno de los excelsos hombre de Cuba.



José María Heredia y Heredia: la primera Historia Universal latinoamericana

EDUARDO TORRES-CUEVAS

El 31 de diciembre de 1803, en la ciudad de Santiago de Cuba, nacía José María Heredia. Su obra poética lo coloca como uno de los más grandes poetas nacidos en Cuba. Su Himno del Desterrado fue nuestro primer himno de combate anticolonialista.

Murió a los 35 años, en México. Durante el transcurso de su corta y huracanada vida, llena de angustias y ausencias, mantuvo un constante batallar por la independencia de su patria y por la de toda Nuestra América. Formado en el universalismo del naciente pensamiento cubano, del cual Félix Varela era el Padre Fundador, es uno de los más consecuentes creadores del movimiento de Liberación del Pensamiento de las ataduras medievales y coloniales y, a su vez, del Pensamiento de la Liberación Latinoamericana. Desde esa perspectiva surgió lo que José de la Luz y Caballero llamó "la idea cubana", la construcción intelectual de Cuba, inseparable de "la idea americana".

Conspirador desde sus 18 años, fue desterrado de Cuba y, después de cierto tiempo en Estados Unidos, reside en México donde desarrolla su obra y su accionar revolucionario como poeta, soldado, abogado, diplomático, periodista, magistrado, bibliotecario, juez, diputado en el Congreso del Estado de México. Apenas conocemos facetas profundas de nuestro Heredia. Están por recopilar y estudiar sus escritos políticos en México. Hoy, sin embargo, podemos mostrar una faceta poco conocida y no menos importante de nuestro Heredia, la de historiador.

En los fondos de la Colección Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, casi olvidados, se encuentran cuatro tomos que conforman una obra impresionante por su volumen y, más aún, por su intencionalidad. Sorprende su título, Lecciones de Historia Universal; y sus fechas, 1831 y 1832; y su autor, "el ciudadano José María Heredia". Está impresa en Toluca, México. A poco que uno se interna en la obra, se sorprende de la osadía del autor, de sus conocimientos y de sus intenciones.

Pero dejemos que sea el propio Heredia quien hable: "Convencido profundamente de que es importantísimo á la juventud el conocimiento de la historia, he lamentado siempre la falta de un libro elemental en nuestro idioma que pudiera servir de testo á un curso de este ramo" (se ha respetado la ortografía original, propia de las primeras décadas del siglo XIX).

Dedicada a la juventud mexicana, enfrentada ya a las divisiones y a las pretensiones de su vecino del norte, es conmovedora la última oración de la obra: "Si la posteridad concede un lugar entre ellos (Se refiere a los grandes escritores de Nuestra América) como poeta el autor de estas Lecciones, dirá que Cuba fue su pátria" (sic). A su madre le escribe: "Yo trabajo en una obra gitanesca (...) Es un Ensayo filosófico sobre la historia universal (...) Yo he querido presentar a la juventud de nuestros pueblos un cuadro moral de la historia, como deben verlo para que no emponzoñen sus mentes en esa caterva de escritores viles que han escrito crónicas absurdas dictadas por la superstición o el culto infame de poder (...) Ella impondrán silencio a los que dicen que sólo se hacer versos, y será la base más sólida de mi fama" (sic).

El Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México y la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, en el 210 aniversario del natalicio del poeta rescata para las presentes generaciones la que él consideró "la base más sólida" de su fama: su obra como historiador, dedicada a la juventud y complemento de la formación de un pensamiento propio.


A la obra filosófica de Félix Varela, a la científica y geográfica de Felipe Poey, a la pedagógica de José de la Luz y Caballero, a la histórica de Pedro José Guiteras y a la sociológica y política de José Antonio Saco se une no solo la del poeta Heredia, sino también la del historiador Heredia. La generación de 1868 fue la primera generación cubana que pudo contar con una sólida base intelectual para elaborar desde "la idea de Cuba" la liberación nacional que fue mucho más que un simple cambio de un estatus político. Fue la siembra creadora de la Cuba no solo soñada, sino también pensada.

jueves, 5 de diciembre de 2013

LA HABANA QUE SE ALZA ENTRE LAS PREFERIDAS


La Habana, de las sábanas blancas colgadas en los balcones, de los baches milenarios que pueden contar la gestas históricas de la nación, la que rejuvenece del tiempo y la desidia, tiene la magia de atrapar a turistas extranjeros y a los cubanos que la habitan y regalarle el premio de ser un destino deseado para perderse en sus calles y quedar atrapados en la maravilla de un sol irreverente y su olor a mar.

La Habana no es una megaciudad donde transitan limusinas, ni donde se abarrotan los autos a cada hora del día, es un museo rodante con los autos de más de un siglo que saludan a los autos del año, no es ni siquiera una de las ciudades más limpias del mundo porque sus calles ora viejas, ora renovadas no están preparadas para una población de dos millones de personas o las personas que la habitan no están preparadas para una ciudad donde predomine lo impecable, no es la ciudad de una arquitectura futurista, pues como señora de casi quinientos años, ha preferido como sus habitantes, el destino del más profundo mestizaje hasta su máxima expresión, transitando de lo Colonial y Barroco al Art Nouveau, Art Deco y Ecléctico, sin dejar de arroparse del Modernismo o la desarmonía de algunos barrios periféricos y no tan periféricos.

La Villa de San Cristóbal de los reyes españoles, la de la trata de esclavos, la de Pepe Antonio irrumpida por los Ingleses, la llave del golfo o del nuevo mundo, la de la bandera amenazada que viera Bonifacio Byrne, la que despidiera al exilio a sus hijos Heredia y Martí, la que consagrara al Ingeniero Don Francisco de Albear, la de las inspiraciones de Lecuona, la Ciudad de las Columnas de Carpentier, la bella Habana de la vida y los sueños del Caballero de París, la que nos regala Gutierrez Alea en Fresa y Chocolate, la de los chistes, la del Festival Internacional del Cine Latinoamericano o la novia eterna de Eusebio Leal. La Habana de la Giraldilla y el Morro, la Habana que aman los cubanos donde quiera que estén porque en ella están los sueños, los días vividos, los recuerdos y las nostalgias, esa Habana que nos espera cual Penélope a Ulises, patrimonio de todo el que la vive alguna vez y quedará prendado para siempre.

La Habana que está por descubrir y que hoy amanece premiada por Tryp Avisor (http://www.tripadvisor.es/TravelersChoice-DestinationsontheRise#1) una web que se dedica a promover viajes a través del mundo, un sitio que puede recomendar sin temor a equivocarse lugares paradisíacos como las Islas Seychelles o paradigmas turísticos como el París que describe Hemingway en su París era una Fiesta,  el Prague Astronomical Clock de la Plaza Vieja de Praga, o las Gemelas de Dubai, no se ha equivocado en absoluto como pueden pensar algunos que ven solo sombras en una Habana cálida, amistosa, en la que sus gentes andan azotadas por el sol; pero felices en su día a día.





viernes, 18 de octubre de 2013

Apostar por la naturaleza

Decir naturaleza es pensar en verde, azul o en tierra, apostar por la naturaleza es vivir una experiencia más que de colores, es sentir que cuando pones unas gotas de agua en una planta estas creciendo con ella, cuando salvas un pájaro herido y vuelve a volar lejos de ti estas volando con él, cuando lavas tu coche con cubeta y no con manguera o cierras la llave del agua mientras te cepillas los dientes, cuando recuperas todo lo que parece que ya no sirve estas dando una segunda vida a lo inservible al planeta y a ti. Aun si cada habitante del planeta hiciera un poco de estas cosas no sería suficiente para salvar este hogar de la desidia de la contaminación acumulada desde la era de la Revolución Industrial, intereses socioeconómicos, pero principalmente financieros son los mayores contaminantes en el mundo contemporáneo. Convenios, Tratados, Protocolos y cuanto instrumentos reconocido por la jurisprudencias nacionales e internacionales se evalúan, y se firman, pero al final del día vamos envejeciendo y más que eso, consumiéndonos en la polución del aire, de las ondas sonoras y hasta de la tecnología. Ningún ciudadano, ni rico, ni pobre, creyente o ateo, se salva de ser contaminado, ningún país por más que implemente mecanismos de protección alcanzará el ideal de conservar la naturaleza, por ello se agradece cualquier acción que redunde en conservar el mundo como lo conocemos.

Proteger a la naturaleza debe ser un valor más de la familia moderna, un valor que se le dé al hombre desde que nace, algo que lo acompañe como el idioma o la educación. La  generación de cubanos nacidos después de los 60 del siglo XX por alguna razón nos alimentaron el intelecto los programas educativos con muchas ciencias, historia, literatura sobre todo soviética, la cívica al parecer era cosa de casa, y si se une a esto que eran tiempos de menor fluidez de la información era un imposible crear una conciencia de los peligros de un inminente desastre a nivel global del medio ambiente, aunque por fecha tan temprana como 1961 se establecían a nivel de estado las primeras acciones para la recuperación de materias primas ejercidas fundamentalmente en el círculo reducido de las empresas creadas y dedicadas a ese giro, acciones de la población al respecto estuvieron limitadas prácticamente a la entrega de pomos, papel y cartón a los CDR, no es hasta 1981 que se promulga una Ley de Medio Ambiente, el país tiene toda una Estrategia de Desarrollo para el reciclaje al que se ha vinculado en los últimos tiempos el trabajador por cuenta propia, pero todo ello aún resulta insuficiente, ¿cómo reciclar con un aprovechamiento óptimo con tecnología no adecuada?, ¿será suficiente reciclar solo el 35% de los desechos que pueden ser reutilizables?  ¿cómo no contaminar en un país donde a pesar de existir instrumentos jurídicos  que regulan la protección del medio ambiente, los procesos constructivos no se hacen con todas las medidas de protección o donde más del 50% de los medios de movilidad han sobrepasado la obsolescencia de más de dos décadas?
En Cuba un país de vocación por el mejoramiento humano, por la educación y el bienestar de las mayorías bien podrían hacer programas en todas sus provincias de trueque de materiales reciclables por libros, entradas a espectáculos culturales o deportivos, plantas de ornato, donde participe activamente los ciudadanos, promover una cultura ambiental en centros de estudios, o laborales, a fin de que esa Sociedad Civil Cubana inmersa en la resolución de sus necesidades más inmediatas que tiene la percepción de que es el Estado quien tiene toda la responsabilidad de preservar el medio ambiente, derivado evidentemente de políticas incorrectas de concientización de un problema que es de todos, se incorpore de modo efectivo y consciente a salvaguardar ese patrimonio en peligro.


Hoy cuando la experiencia mundial de miles de ciudadanos con vocación ecologista se nos presenta en la prensa internacional con la defensa del Ártico, con las marchas contra las multinacionales que contaminan sin control, contra el uso indiscriminado de recursos no renovables, debemos sumar esfuerzos para no dejar en el desamparo ambiental a las generaciones venideras. El futuro debe ser gestionado desde el presente y los cubanos no debemos dejar pasar la oportunidad de preservar la belleza de nuestro hermoso espacio habitable.

miércoles, 16 de octubre de 2013

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA.

El pan ha sido el único alimento en la dieta de muchos en el mundo, para los cubanos el pan es algo así como el componente mágico del día, un cubano puede no tener leche, jugo, frutas, huevos, pero un cubano no tener el pan del día es algo que lo convierte en un ser sin sustento. Si a algo es leal el cubano es al pan, ya sea el pan por la libre, el pan por la libreta, el pan en divisa, el pan de la bodega, el pan de la panadería, el pan de la Gran Vía, el pan de La Flora o el de Silvayn. La lealtad del cubano al pan trasciende las fronteras, si vas a trabajar o a visitar a tus familiares al extranjero las entradas a las panaderías foráneas te convierten en un espécimen, la variedad es tal que no te decides por ninguno, ni pan francés, ni italiano, ni croissant, ni cuernito, ni bolillo, ni danés, ni milongas, ni ciabatas, ni baguette, siempre terminas visualizando en tu mente la flauta crujiente o el pan blandito como le decían mis abuelos a la variante de pan suave.

Si de pan se trata para la historia de nuestra isla empieza con los indios que consumían de preferencia el casabe de yuca o la tortilla de maíz, el consumo del pan cubano pasa por la llegada del pan con levadura traída por los españoles, la influencia de los panes kosher sin levadura de los emigrantes judíos y la más autóctona manera de hacer panes sin marcas ni nombres por los maestros panaderos cubanos en los más recónditos o hermosos lugares de la isla.


En la internet pululan recetas de pan cubano, ninguna se acoge a la más absoluta verdad, porque la verdad verdadera del pan nuestro de cada día es como descifrar una profecía de Nostradamus. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Cubana Flight 455, hay quien espera por la justicia.

Güira de Melena, Escuela Secundaria Básica en el Campo "Juan Manuel Marquez" una escuela ubicada a escasos dos kilómetros del centro del pueblo, recién estrenada en los últimos días de agosto de 1977 donde se acomodaron en sus albergues adolescentes de  varios municipios de la Ciudad de la Habana y unos pocos de San Antonio de los Baños, Batabanó y el propio Güira, allí habían llegado a estudiar, trabajar y crecer como hombres nuevos, como hombres y mujeres liberados de sus familias, como hombres y mujeres que tenían que vivir el resto de sus años sin muñecas, ni carritos, ni aviones de juguete, a pesar de que no se habían despojado aún de la inocencia de una cercana niñez. Allí habían niñas que no imaginaban que en poco tiempo sus cuerpos cambiarían y tendrían su primera menstruación, que los niños no tenían aún el primer pelo en su cara, lo que los  definía como imberbes, aun así todo era bullicio y energía, se empezaban a conocer esos seres con la mayor naturalidad y algunos recelos, creados por las pequeñas diferencias que dejaban ver las posibilidades económicas de quienes llegaban con sus bolsos de tela o sus maletas de madera con candados de procedencia rusa naturalmente.


Habían pasado los días del ordenamiento de aulas, albergues, de conocer los reglamentos, los horarios de docencia, deportes, jornadas de labores agrícolas, elecciones pioneriles y todo funcionaba como se esperaba de un centro educativo como aquel, era el 6 de octubre de 1977 dia nublado y hasta frio en la mañana en aquella lejana escuela al campo, era un día en el que en el matutino se hablaría de un Acto Terrorista, en el que un año atrás habían perdido la vida 73 personas, la mayoría de ellos cubanos, todo transcurrió como estaba previsto por el grupo convocado a hacer el coro de esa mañana en la que se mencionarían los nombres de los caídos y todos los presentes responderían PRESENTE, como prueba de que para siempre cada cubano tendría en su corazón a aquellos inocentes hombres y mujeres víctimas del peor ensañamiento que puede tenerse contra un pueblo y de una acción cobarde que dejaría a algunos sin poder vivir ya para siempre con sus padres otros sin llegar a serlo.

Ese día de las filas de estudiantes salió una niña pecosa, sentida y llorando, una profesora la acompañó a sentarse en el pasillo central a una esquina de la entrada del comedor donde comenzaban a florecer algunos helechos y flores en macetas enormes. Mientras continuó y hasta que terminó el matutino con toda la carga emotiva que con esmero prepararon los de un grupo de 7mo grado al cual pertenecía, y que concluyó con la frase inolvidable pronunciada por Fidel un año antes en la Plaza de la Revolución “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”, aquella niña acompañada de la profesora no podía de dejar de llorar. Muchos de los que abandonamos la explanada del acto en busca de las aulas, pasamos por su lado y pensábamos que se trataba de un dolor físico que podía ser pasajero, muy lejos estaba de imaginar que no era un dolor físico, era un dolor mucho más profundo, era el dolor de una perdida irreparable que le estábamos recordando y que por el resto de vida tendría que recordar, esa niña triste era la hija de Carlos T. Conquero Perdomo Ingeniero de vuelo del Avión 455 de cubana de Aviación, Idania era su nombre y fue mi compañera de cubículo durante tres años, era una chica muy inteligente, pero siempre triste. A la edad de 11 años había perdido a su padre, le habían quitado la oportunidad de compartir las tardes de domingo en la recogida del parque de 15 y 16 en el Vedado, de bailar con él el vals de sus quince años, de acompañarla en su día de casamiento o de ver jugar a su hijo con su abuelo, estoy segura que aquel día de octubre del 77 el dolor de Idania no podía calcular eso, como no podía yo entender cuando un año atrás hacía una larga fila en la plaza de la revolución tomada de la mano de mi abuela y pasábamos ante la sala donde estaban los féretros con los restos del siniestro, y habían pasado horas de espera y el paso final era rápido y veías a todas las personas afligidas. Después de esos días quienes compartíamos con la hija del Instructor de vuelo no éramos los mismos, habíamos empezado a crecer y a entender que la vida dentro de la isla siempre estaría amenazada por un odio enfermizo con el cual no teníamos responsabilidad, pero para el cual teníamos que prepararnos. La historia se fue conociendo y con más dolor que el que sentimos en aquellos momentos del impacto inicial hemos vivido la impunidad de los autores del destrozo, algo que parece inconcebible pero la certeza se pasea con nombre y apellidos por las calles siempre veraniegas de Miami sin el más mínimo pesar de conciencia. Cuando llega octubre y se recuerda a quienes ya no están en sus familias como consecuencia de la intolerancia y el odio, siempre pienso en esa niña pecosa y triste que debe ser una mujer que espera por la justicia.